Por: Eduardo Castro / Director: Reforma Informativa
Alta Guajira. Mientras las promesas de cambio se quedan en discursos y reuniones, la realidad en el Hospital de Nazareth sigue siendo alarmante. La falta de recursos, la escasez de insumos médicos y el incumplimiento en los pagos al personal tienen al centro asistencial al borde del colapso, afectando la atención de la comunidad en una de las zonas más apartadas de La Guajira.
Los problemas en el hospital no son nuevos, pero con el paso del tiempo, en lugar de solucionarse, se han agravado. El traslado de pacientes es prácticamente imposible porque las ambulancias disponibles están fuera de servicio y pendientes de reparación. En el hospital faltan insumos médicos básicos, lo que obliga a los profesionales de la salud a trabajar con severas limitaciones.
Además, la situación sanitaria es preocupante: no hay agua potable, lo que impide incluso que un paciente pueda tomar una pastilla con agua segura. No hay vasos desechables, por lo que los enfermos deben llevar su propio vaso si desean beber jugo o agua.
Deudas, incertidumbre y ambiente laboral tenso
El hospital arrastra serios problemas administrativos y financieros. Existen deudas pendientes con proveedores de combustible e insumos, sin una respuesta clara sobre su pago. Esto ha generado un ambiente laboral hostil, donde varios coordinadores y médicos han presentado su renuncia en las últimas semanas. El coordinador actual ha perdido autonomía y capacidad de acción ante la gravedad de la crisis.
La incertidumbre también golpea a los trabajadores: los pagos de enero no están garantizados, y aunque se ha dicho que se cancelarán en plazos, no hay documentos legales que respalden esta promesa. A esto se suma que los turnos médicos del año pasado aún no han sido pagados, bajo el argumento de que la deuda corresponde a la administración anterior.
Otro punto crítico es que los empleados que deseen salir a vacaciones deben hacerlo sin recibir pago, porque el hospital no tiene recursos para cubrir estos derechos laborales. Además, el personal vinculado mediante convenio con el Ministerio de Salud aún no recibe sus salarios, lo que agrava la situación de quienes dependen de estos ingresos.
Deficiencias en la atención y exclusión laboral para los locales
La crisis en el hospital también afecta directamente a los pacientes. No hay disponibilidad de farmacia los sábados y domingos, lo que significa que una persona dada de alta un fin de semana debe esperar hasta el lunes para reclamar su medicamento.
Otro punto que ha generado descontento en la comunidad es que, mientras siguen llegando empleados de Maicao y Riohacha al hospital, se les niegan oportunidades laborales a los profesionales de la región. Esta situación ha despertado preocupación entre los habitantes de la Alta Guajira, quienes exigen inclusión en la contratación de personal.
Hospital de campaña sin uso y problemas con el transporte de pacientes
Uno de los mayores cuestionamientos es la subutilización del hospital de campaña ubicado en Nazareth. Este espacio, que debería estar funcionando a plena capacidad, no cuenta con los equipos médicos, insumos y tecnología necesarios para cumplir con su propósito. Se requiere la dotación de equipos de laboratorio, quirúrgicos y otros insumos esenciales para realizar procedimientos de urgencia.
El transporte de pacientes también enfrenta serias dificultades. Se ha solicitado el apoyo de los vehículos asignados al convenio con el Ministerio de Salud, pero no se les suministra el combustible necesario para realizar los traslados de ida y regreso. Esto pone en riesgo la vida de quienes necesitan atención médica especializada en otras ciudades.
Esperanza en la intervención, pero con medidas urgentes
A pesar del panorama crítico, la comunidad reconoce la disposición de la Agente Interventora, quien ha mostrado interés en atender la crisis. Sin embargo, las soluciones deben ser inmediatas y efectivas para evitar que la situación empeore.
La intervención en el hospital busca establecer un plan de acción y mejoramiento que garantice una atención digna y eficiente para la población. Sin embargo, el temor de muchos es que el remedio termine siendo peor que la enfermedad si no se toman decisiones concretas y urgentes.
El llamado es claro: el hospital de Nazareth no puede seguir esperando. La salud de la Alta Guajira está en riesgo y las soluciones deben llegar ahora.
