Uribia, Riohacha y Maicao pierden una oportunidad de oro: se desploman los megaproyectos eólicos Alpha y Beta

Por Eduardo Castro – Reforma Informativa

En medio de una tormenta económica que apenas comienza a sentirse en La Guajira, la salida definitiva de los proyectos eólicos Alpha y Beta representa un nuevo y doloroso golpe para el desarrollo de la región. El retiro de la multinacional EDP Renovables —después de años de espera por una licencia ambiental que llegó tarde— deja a Riohacha, Uribia y Maicao con promesas rotas y un futuro energético en vilo.

Los proyectos, que aspiraban a generar 1.700 megavatios, fueron licitados en 2019 con gran expectativa. Desde entonces, EDP adelantó avances sustanciales como la construcción de la subestación Beta, la adecuación de 17 kilómetros de vías de acceso y el traslado de 90 turbinas que hoy permanecen parqueadas en Puerto Brisa, el centro logístico de Dibulla. El plan era ambicioso, el impacto sería histórico… pero los tiempos del Estado no jugaron a favor.

En diciembre de 2024, tras más de cinco años de trámites infructuosos, la empresa tomó la decisión definitiva: subastar las piezas del proyecto, incluyendo 270 hélices almacenadas en el puerto, a pesar de que apenas en marzo de este año se había otorgado la licencia ambiental.

“Esto no es solo una pérdida para el inversionista, es un retroceso para el país”, advirtió el senador guajiro Alfredo Deluque, quien ha seguido de cerca el proceso. En declaraciones entregadas a Radio Guatapurí y replicadas este fin de semana en sus redes sociales, el congresista señaló que “las empresas se cansaron de esperar indefinidamente sin que nadie les resuelva. Necesitamos acciones inmediatas, no podemos quedarnos a mirar cómo esta oportunidad se disipa como arena en nuestros dedos”.

La noticia golpea doblemente a una región que ya intenta adaptarse al anuncio reciente de la minera Cerrejón, que contempla una disminución de su producción en un 50% para 2025, lo cual generará impactos sociales y económicos profundos.

Para La Guajira, históricamente ubicada entre los primeros lugares en índices de pobreza, desempleo y rezago estructural, la pérdida de estos proyectos energéticos no es solo una mala noticia: es una señal preocupante sobre la falta de articulación entre el Estado y la inversión extranjera.

¿Qué viene ahora?

Queda en el aire la gran pregunta: ¿es viable seguir apostando por megaproyectos energéticos en una región donde la tramitología y la falta de garantías han espantado a uno de los inversionistas más importantes del sector?

Más allá del desarrollo energético nacional, lo que se esfuma es una posibilidad concreta de transformar el presente de miles de guajiros a través de empleo, infraestructura y desarrollo sostenible. La esperanza de que La Guajira se convirtiera en el corazón energético del país vuelve a postergarse, dejando un vacío que ni el viento podrá llenar.