Uribia, La Guajira. En un hecho que marca un antes y un después en la historia de los pueblos indígenas del país, se llevó a cabo la Asamblea de Autoridades de la Zona Norte Etnocultural (ZNE), donde se socializó el contenido del Decreto 0482 de 2024, norma que da vida a la primera Entidad Territorial Indígena (ETI) reconocida formalmente en Colombia.
Este proceso, considerado por muchos como la culminación de años de lucha persistente, fue acompañado activamente por líderes y lideresas de los pueblos wayuu, quienes compartieron reflexiones profundas sobre los retos, oportunidades y compromisos que surgen a partir de este nuevo escenario.
Uno de los voceros territoriales que participó en el evento destacó que este logro representa un reconocimiento al esfuerzo colectivo de quienes creyeron en el proyecto desde sus inicios: “Como wayuu wüinpümüinje’ewoi, reafirmamos nuestro derecho a participar en las decisiones sobre nuestro territorio. Este proceso nos pertenece, y debemos caminar en unidad para no convertirnos en obstáculo del bien común”, expresó.
Durante las sesiones y los diálogos en los corregimientos, se reiteró la necesidad de que los nuevos liderazgos ejerzan su papel con responsabilidad y con el respaldo de sus comunidades. También se reconoció el trabajo adelantado por la estructura organizativa de la ZNE, sin dejar de señalar que algunas prácticas poco saludables del pasado deben ser superadas si se quiere avanzar hacia un modelo de gobernanza sólido y representativo.
En cuanto a la ratificación de los consejeros y del representante legal, decisión que generó algunas inquietudes en ciertos sectores, se explicó que esta fue una decisión unánime de la Asamblea, como forma de respaldar a quienes han sostenido el proceso en sus momentos más difíciles. “No es un cheque en blanco, es un voto de confianza que debe traducirse en trabajo, humildad y compromiso humano con el territorio”, puntualizó uno de los asistentes.
La consolidación de la ETI abre las puertas a la construcción de un gobierno propio, una tarea monumental que implica responsabilidades técnicas, legales y administrativas. Se destacó la importancia de formar equipos capacitados, de multiplicar el conocimiento del Decreto 0482 en las comunidades y de aplicar mecanismos de veeduría ciudadana para evitar que el nepotismo, el clientelismo y las imposiciones empañen este esfuerzo histórico.
“No podemos repetir errores del pasado, como ocurrió con entidades como el DANE, el MAI o el Ministerio de Agricultura. Hoy enfrentamos un desafío aún mayor: demostrar que somos capaces de autogobernarnos con transparencia y efectividad”, afirmó el vocero.
Entre los temas pendientes, se mencionó con preocupación la situación del Hospital de Nazareth, cuya deficiente atención ha sido motivo de reiteradas denuncias, y sobre el cual se espera que las nuevas autoridades indígenas logren incidir para garantizar servicios dignos a las comunidades más apartadas.
Asimismo, se subrayó la necesidad de que el proceso de ordenamiento territorial wayuu y el restablecimiento del rol de los jefes claniles (alaüla) se maneje con profundo respeto y prudencia, para evitar conflictos internos derivados de modelos verticales que contradigan el espíritu horizontal del Akuaipa.
Al cierre de su intervención, el líder expresó un llamado a la unidad, a dejar atrás el debate virtual y trasladar las diferencias conceptuales al terreno, donde puedan transformarse en propuestas reales: “A los que aún observan desde las barreras, los invito a participar. Este proceso ya es una realidad. A mis amigos, un abrazo fraterno; a los contradictores, los invito a debatir en terreno, con respeto. Nos vemos en Wounmaim’pa”.
El nacimiento de la ETI es un punto de partida, no un punto de llegada. La tarea apenas comienza y dependerá del compromiso colectivo hacer de este nuevo modelo una herramienta de bienestar para las comunidades indígenas del norte del país.
