Por: Johan Enrique Peralta Gómez – Abogado
En este país donde se llenan discursos con la palabra “educación”, seguimos viendo cómo a quienes la hacen posible se les vulneran los derechos más básicos. Hoy levanto la voz, no solo como abogado, sino como ciudadano, para denunciar públicamente una situación que se repite con demasiada frecuencia y que no puede seguir normalizándose: el atropello laboral contra los docentes.
El caso de la docente Indira González Iguarán, a quien represento legalmente, es apenas una muestra del desprecio con el que algunas entidades tratan a quienes forman las generaciones del futuro. Ella, como muchos otros, ha sido víctima del incumplimiento en el pago de sus salarios por parte de la Unión Temporal Ashjipule, entidad contratista del sector educativo, que además de fallar en sus obligaciones económicas, pone en riesgo su seguridad social y estabilidad laboral.
Frente a estos hechos, hemos acudido a la instancia correspondiente: el Ministerio de Trabajo. Ayer, 28 de mayo, radicamos un derecho de petición exigiendo una investigación exhaustiva y medidas concretas. Porque no se trata solo de resolver un caso individual, sino de marcar un precedente en defensa de los derechos laborales de cientos de docentes que callan por miedo o por cansancio.
El Estado tiene la responsabilidad constitucional de garantizar condiciones laborales dignas. No se puede permitir que quienes prestan un servicio público esencial, como la educación, queden a merced de contratistas que juegan con su sustento. Exigimos al Ministerio que actúe con la celeridad que este caso amerita, en cumplimiento de sus funciones de inspección, vigilancia y control, como lo establece el artículo 486 del Código Sustantivo del Trabajo y el artículo 2 del Decreto 4108 de 2011.
Este no es un favor que se pide: es una obligación legal. Y si hay contratistas que no están en condiciones de garantizar derechos, entonces no deben seguir firmando convenios ni administrando recursos públicos.
Es hora de hablar claro. Ya no basta con discursos de agradecimiento a los docentes en fechas conmemorativas. Lo que se necesita es respeto real: respeto que se traduce en pagos cumplidos, garantías laborales y condiciones justas para ejercer su labor. Porque la educación no se construye con aplausos, sino con justicia.
