Uribia, Alta Guajira. Una señal de auxilio estremecedora proviene desde lo más profundo del desierto guajiro: más de 800 estudiantes de la Institución Etnoeducativa Madre Laura, ubicada en la comunidad de Carasua, están viviendo una dramática emergencia por la falta total de agua.
La situación, que ha escalado con rapidez en las últimas semanas, amenaza con convertirse en una crisis sanitaria sin precedentes. No hay agua para preparar los alimentos del Programa de Alimentación Escolar (PAE), ni para el consumo diario de los estudiantes. Peor aún, 544 alumnos que permanecen internados no tienen acceso al agua necesaria para su higiene personal.
Una necesidad básica convertida en un clamor colectivo
Se calcula que la institución requiere en promedio 10.000 litros de agua diarios. En febrero, una madre de familia ofreció su vehículo para transportar agua, solicitando únicamente apoyo con el combustible. Hasta la fecha, ni siquiera ese rubro le ha sido reembolsado. En marzo, inició la operación un carrotanque contratado por el municipio, pero este se averió recientemente, agravando aún más la situación.
Mientras tanto, los niños wayuu beben poco y mal, se bañan con baldes cuando pueden y sobreviven gracias a la solidaridad de algunos padres que cargan pequeñas pipas desde sus casas, a kilómetros de distancia. La ausencia de agua comienza a poner en riesgo su salud, en un contexto en el que la Corte Constitucional ya ha declarado a la niñez wayuu como sujeto de especial protección, en la Sentencia T-302.
Obras paralizadas y contratos en el aire
La esperanza para la comunidad está en el pozo de Carasua, cuya obra lleva varios años sin culminarse. Según se ha denunciado, el proyecto –ejecutado por una contratista de la empresa Esepgua– está actualmente paralizado por la avería de una pieza mecánica. Una falla que tiene en pausa el derecho fundamental al agua de toda una generación.
Por su parte, la administración municipal, a través de la empresa Triple A, ha anunciado la contratación de carrotanques para abastecer la zona. Sin embargo, en Carasua solo uno había hecho presencia, y ahora también está fuera de servicio. Los demás vehículos contratados no han llegado, ni siquiera una vez, a la institución educativa.

Padres y líderes comunitarios hacen un llamado urgente al gerente de la Triple A para que exija el cumplimiento inmediato de los contratos y coordine con mayor eficacia el envío del agua. “La necesidad no da espera”, advierten.
Un rayo de esperanza en medio del desierto
En medio de esta angustiante realidad, la solidaridad ha marcado la diferencia. Berenice, una madre de familia que leyó la denuncia pública, donó un viaje de agua para la institución. A este gesto se sumó la acción de un suboficial de la Armada Nacional, quien también gestionó un segundo viaje.

Aunque estos actos de bondad han aliviado temporalmente la emergencia, la comunidad insiste en que no se puede depender de milagros cuando se trata del derecho al agua, especialmente en una región tan históricamente golpeada por la desatención estatal.
Carasua no pide lujo, solo agua. Agua para vivir, para estudiar, para resistir.
