Por: Eduardo Castro / Director
Bajo el sol guajiro y el calor humano que caracteriza al pueblo wayuu, un grupo de jóvenes y familias del municipio de Uribia se unió en una noble causa: entregar un almuerzo solidario a más de 300 niños y niñas de los barrios San José, Villa Fausta y el asentamiento La Invasión, en la zona norte extrema de La Guajira.
La jornada, que inició desde el mediodía, fue liderada por Poldis Pana Daza y su hermano Jaiseth Pana Daza, junto a un equipo de amigos, vecinos y familiares, quienes gestionaron la iniciativa con el apoyo de la cocina comunitaria “E Bueno Piña”. Lo que comenzó como una idea nacida del deseo de compartir, se convirtió en una bendición colectiva que llenó de sonrisas y gratitud a decenas de hogares.

“Este pequeño almuerzo sale de nuestros corazones para ellos”, expresó Poldis con emoción, mientras coordinaba las entregas junto a voluntarios como Nancy Daza, Carlos Gutiérrez, Nicole Lemus, Brandon Gómez, Natalia Palacio, Yenny Epiayú, Alex Rodríguez, entre otros jóvenes que donaron su tiempo, sus manos y su cariño.

Alexander Rodríguez Acosta, ex presidente de la Junta de Acción Comunal del barrio San José, agradeció el gesto y reconoció que en comunidades donde el acceso a una comida digna aún representa un reto diario, acciones como estas tocan profundamente el alma de las familias. “Dios tocó corazones para que hoy cada niño tenga su almuerzo. Gracias a quienes, sin importar cuánto ganan, pusieron su granito de amor”, expresó.

Desde el barrio Villa Fausta, el actual presidente Harold Beltrán también compartió unas palabras emotivas. “Gracias a Poldis, a El Bueno Piña, y a todos los que hoy nos acompañaron con una sonrisa y un plato lleno. Esto no es solo comida, es un gesto de hermandad”.

En el asentamiento La Invasión, doña Omaira —suplente de la líder Nancy— también dio testimonio del impacto del encuentro: “Esto es una bendición de Dios. Nunca antes nos habían traído un almuerzo, un compartir. Lo agradecemos de corazón”.
Más allá del alimento, la jornada dejó un mensaje claro: en Uribia, la solidaridad no se espera, se organiza; nace desde la comunidad, desde el afecto, y se sirve con respeto en cada plato. Porque cuando la juventud wayuu se une con sus familias, lo que brota no solo es ayuda… es amor en acción.
