Paro en el Hospital de Nazareth llega a su quinto día: comunidades y trabajadores insisten en diálogo directo

Foto: Aja Ware

Ayer lunes 4 de agosto se cumplió el quinto día consecutivo de paro en la ESE Hospital de Nazareth, convocado por trabajadores del centro asistencial y respaldado por usuarios y comunidades indígenas que exigen presencia del Gobierno Nacional y del Agente Especial Interventor, sin intermediarios ni representantes ajenos al territorio.

El cese de actividades se mantiene en pie de lucha bajo la consigna de #UnidosPorLaVida, reflejando no solo el descontento frente a la actual gestión de la salud en la Alta Guajira, sino también el llamado urgente a que se reconozca la realidad particular del hospital y su entorno cultural.

Trabajar en un hospital enclavado en territorio indígena representa no solo un desafío institucional, sino también una valiosa oportunidad de construir un modelo de salud intercultural, donde se respete y se integre la cosmovisión de los pueblos originarios.

Desde el cuerpo médico y administrativo, así como desde las comunidades wayuu y autoridades tradicionales, se ha insistido en que las formas propias de organización y gobierno del territorio —como lo son las Autoridades Tradicionales— deben ser reconocidas como instancias legítimas de participación, concertación y decisión.

“Los espacios autónomos no deben ser vistos como barreras, sino como escenarios de diálogo que enriquecen la gestión en salud. Necesitamos que el nuevo agente interventor llegue al territorio con disposición real de escucha y de entendimiento de nuestras dinámicas comunitarias”, expresaron voceros del movimiento.

La invitación al nuevo Agente Especial Interventor es clara: asumir el liderazgo del Hospital de Nazareth con empatía, apertura y respeto hacia el tejido social y cultural de la Alta Guajira. Solo así, señalan los manifestantes, podrá construirse una relación sólida de confianza que garantice el acceso digno y pertinente a los servicios de salud, en armonía con los valores del territorio.

Mientras tanto, las comunidades mantienen su protesta pacífica, esperando respuestas concretas que vayan más allá de promesas administrativas y que reconozcan el valor del hospital como una institución vital, no solo para la salud, sino para la vida en los territorios ancestrales.