La Kasha madrugó primero que el sol y anunció lo que muchos esperaban hace años: el regreso del Festival de la Cultura Wayuu, una celebración que devuelve memoria, identidad y orgullo a la capital indígena de Colombia.
Uribia amaneció distinta. Este sábado 6 de diciembre, el sonido ancestral de la Kasha rompió la rutina que desde hace décadas impone el tren de Cerrejón al cruzar las cuatro vías. Esta vez no fue el hierro el que marcó el día, sino el eco de la tradición en la recién habilitada Central Turística y Económica, donde antes se levantaba la obra inconclusa de la terminal de transportes. Allí comenzó oficialmente la XXX versión del Festival de la Cultura Wayuu, un regreso que muchos llaman renacer.

Delegaciones de 13 majayut —jóvenes guardianas de la cultura— se abrieron paso entre saludos en wayuunaiki, colores de mantas y la bendición de un sacerdote que acompañó la ceremonia inicial. Estaba previsto que fueran 14, pero una participante proveniente de Venezuela no pudo asistir por motivos de salud. La ministra Irene Vélez Torres llegó como invitada especial, así como funcionarios del Gobierno del Progreso, liderado por el alcalde Jaime Luis Buitrago García, la gestora social Nancy Yaneth Gómez, medios regionales y visitantes llegados desde toda La Guajira.

“Después de ocho años, vuelve a latir el corazón del pueblo Wayuu”
En el corazón de la Central Turística y Comercial, el alcalde Buitrago tomó la palabra con tono íntimo de hijo de tierra. No leyó discursos; habló desde la memoria.
“Para mí, como alcalde, es un orgullo real recuperar el Festival de la Cultura Wayuu. Después de ocho años, no solo regresa un festival: vuelve a latir el corazón del pueblo”, dijo, dirigiéndose a autoridades tradicionales, palabreros, artesanas y familias de ranchería.

El mandatario insistió en que el festival “no es un evento de tarima”, sino una declaración de dignidad y defensa de la identidad Wayuu. “Donde hay una manta teñida hay historia; donde hay un palabrero hay justicia; donde un joven danza, hay continuidad”, señaló.
Buitrago reconoció el esfuerzo colectivo que permitió el regreso de la fiesta y llamó a cuidar el encuentro “bajo la paz, armonía y tranquilidad”, destacando que la realización del festival es el logro que más lo enorgullece como alcalde y como wayuu.

La voz de la tradición: el palabrero Edicto Barroso
Luego llegó el momento de escuchar a los mayores. Edicto Barroso, palabrero reconocido en la zona norte extrema, habló de frente y sin titubeos, con micrófono en mano y sin solemnidades. Su intervención sonó a consejo de tío mayor.
“Una enramada no es para discutir, es para abrir caminos, hallar amigos”, dijo mientras miraba a delegaciones y funcionarios. Defendió la vía del diálogo y recordó que el palabrero es puente, no bloqueo: “No tenemos por qué hacer lo que hace el alijuna. No atrancamos trenes ni alcaldías. Vamos a sentarnos”.
El público respondió con aplausos largos y silencios respetuosos, como se escucha en los consejos que pesan.

La ministra y el compromiso con la transición energética
La ministra Irene Vélez tomó la palabra reconociendo el valor de la sabiduría ancestral. Explicó que el Gobierno Nacional adelanta, junto a comunidades Wayuu, procesos de formación para la transición energética justa, con enfoque étnico y participación real.
Anunció que 30 líderes Wayuu terminaron su proceso como parte de una escuela de gobernanza energética, enfocada en que las comunidades sean protagonistas y beneficiarias de los proyectos de energía limpia.
“Una transición justa se hace con la gente, no sobre la gente”, afirmó.

La jornada: tradición, academia y reconocimiento
Tras la ceremonia inaugural, el festival abrió la feria gastronómica y artesanal en la misma Central Turística. Olores de friche, mazamorra y sabores tradicionales mezclaron cultura y memoria.
Luego, el público se trasladó al Centro Cultural de Uribia para un conversatorio étnico-académico que reunió sabedores, académicos y jóvenes investigadores. Al cierre de ese encuentro, la Asamblea Departamental entregó la Medalla Luis Antonio Robles a sabedores y sabedoras Wayuu, en una iniciativa promovida por los diputados Regy Barros, Yasmira Lindao Pana y Luis Fernando Lobo.

La puesta en escena del conversatorio fue respaldada por Sonidos y Eventos ABG, empresa uribiera que se ha ganado reconocimiento en la región por su logística en espectáculos, generando empleo local. El manejo de sonido, luces y pantallas fue destacado como un ejemplo de crecimiento corporativo desde la propia Uribia.

La caminata inaugural: el pueblo en movimiento
A las tres de la tarde, y luego de la entrega de la medalla, la celebración se trasladó a las calles. Desde la Central Turística y Comercial se dio inicio a la caminata inaugural, donde las delegaciones marcharon junto a sus majayut, acompañadas por el equipo del Gobierno del Progreso y su alcalde Jaime Buitrago García.
El recorrido avanzó por las principales vías de Uribia, convirtiendo el municipio en un río de mantas coloridas, cantos, símbolos sagrados y orgullo indígena. Niños, familias enteras y autoridades tradicionales caminaron a todo dar, celebrando la cultura en movimiento.

Presentación de las majayut y noche de estrellas
Finalizado el recorrido, la fiesta llegó a la tarima Mirra, en la Plaza Colombia. Allí, ante un público que llenó cada rincón del corazón urbano de Uribia, fueron presentadas oficialmente las majayut que representan a los diferentes territorios y procesos culturales.
La noche cerró con broche de oro: presentaciones de artistas reconocidos a nivel mundial y nacional, que unieron tradición, música contemporánea y orgullo indígena para sellar la primera jornada del festival con una energía vibrante.

La voz institucional: secretario José Gerardo González
Después de la intervención del alcalde y el consejo del palabrero, tomó la palabra José Gerardo González, secretario de Gobierno Municipal y uno de los articuladores del regreso del festival. Su mensaje combinó gestión pública, visión cultural y sentido territorial.
“Hoy no estamos solo inaugurando un evento, estamos devolviendo un símbolo que pertenece a todos. El Festival de la Cultura Wayuu es un patrimonio vivo que había quedado en silencio durante ocho años y hoy vuelve por decisión, voluntad y compromiso colectivo”, expresó ante autoridades tradicionales y delegaciones participantes.
González destacó que la reactivación del festival fue un trabajo coordinado entre distintas dependencias, líderes indígenas y gestores culturales de cada corregimiento. “La cultura no se administra desde un escritorio. Caminamos ranchería por ranchería, escuchando a los mayores y a los jóvenes. Cada manta, cada historia y cada canción nos enseñaron que el festival tenía que volver”, afirmó.
En su intervención insistió en que el festival representa una oportunidad para fortalecer la economía indígena a través del tejido artesanal, la gastronomía tradicional y el turismo responsable. “El desarrollo de nuestro pueblo debe nacer de nuestra identidad. Aquí está el talento con el que Uribia puede mostrarse al mundo: con su cultura y su sabiduría ancestral”, añadió.
El secretario cerró su discurso poniendo en el centro a las nuevas generaciones:
“Estas majayut son más que representantes culturales: son futuro. Si queremos una Uribia sólida, debemos formar a nuestros jóvenes para que sientan orgullo de quiénes son y de dónde vienen. Esta fiesta les pertenece”.
Un festival que vuelve para quedarse
La trigésima versión del Festival de la Cultura Wayuu dejó claro, desde su primer día, que no se trata solo de recuperar una fecha, sino de reactivar un corazón colectivo. El pueblo Wayuu regresó a su fiesta con orgullo y sentido de pertenencia, sabiendo que lo que se celebra no es el pasado, sino la continuidad de una cultura que camina.
La Kasha sonó temprano para recordar que la identidad no espera.
Y en Uribia, después de ocho años, el eco volvió a escucharse.
