Las sedes Pisichon, Piazapa y Juyama muestran avances significativos en infraestructura, mientras toma forma un ambicioso proyecto para la sede principal Warerapu No. 3.
En medio del desierto y las trochas que conectan a las comunidades wayuu, la educación empieza a tomar forma en concreto. Durante una reciente jornada de verificación, directivos y comunidad educativa constataron el avance de las obras que se ejecutan en tres sedes rurales de la Institución Etnoeducativa Isidro Ibarra Fernández, en jurisdicción del municipio de Uribia.
Las sedes Pisichon, Piazapa y Juyama hacen parte de las siete instituciones priorizadas para el fortalecimiento de la infraestructura educativa. El balance es alentador: dos de ellas registran un avance cercano al 90 por ciento, mientras que la tercera alcanza el 60 por ciento y entra en su fase final de construcción. Para las familias del territorio, estos números se traducen en aulas más dignas, espacios seguros y mejores condiciones para el aprendizaje de niños, niñas y jóvenes.

Desde la institución se destacó que estos avances no son solo obras físicas, sino respuestas concretas a años de espera en comunidades históricamente rezagadas. En ese sentido, la comunidad educativa reconoció el respaldo del Gobierno Nacional, liderado por el presidente Gustavo Petro, y del Ministerio de Educación, bajo la dirección de Daniel Rojas, por priorizar la inversión en educación en territorios wayuu y convertir promesas en realidades visibles.
En paralelo a estas obras, también avanza el estudio topográfico del proyecto del complejo escolar de la sede principal Warerapu No. 3, una iniciativa de gran impacto que contará con recursos del Gobierno Nacional y el acompañamiento de la Fundación Pies Descalzos. Este complejo está llamado a marcar un antes y un después en la historia de la institución, al ampliar la cobertura y mejorar la calidad de los espacios educativos en una zona estratégica del territorio.
El rector Isidro Ibarra Fernández, quien ha acompañado de cerca el proceso, destacó el significado de estos avances para la comunidad. “Estas obras son una respuesta concreta a años de espera en nuestros territorios. No se trata solo de aulas y muros, sino de dignidad, identidad y esperanza para nuestros estudiantes wayuu. Ver cómo estas sedes avanzan nos confirma que la educación sí puede transformarse cuando hay voluntad y compromiso con las comunidades”, expresó.

El directivo señaló además que la institución mantiene la expectativa de que, antes de finalizar el actual periodo de gobierno, se anuncien nuevas inversiones que permitan seguir fortaleciendo las sedes educativas. “Seguimos trabajando con responsabilidad y esperanza, confiando en que llegarán más buenas noticias para garantizar espacios educativos pertinentes, dignos y acordes con nuestra identidad cultural”, agregó.
Mientras el polvo del desierto sigue su curso, en estas comunidades la educación también avanza. Paso a paso, con obras que ya se levantan y proyectos que comienzan a trazarse, el territorio wayuu ve cómo el derecho a aprender empieza a construirse con hechos y no solo con palabras.
