Ruta Libertaria: un recorrido que sanó memorias y encendió esperanza en la Alta Guajira

Entre arena, viento y palabra ancestral, líderes sociales y comunidades wayúu alzaron su voz por un territorio que durante años esperó ser escuchado.

Con el corazón en la mano y los pies sobre la arena ardiente, la Ruta Libertaria avanzó por Castilletes, Puerto López, Siapana, Punta Espada, Guaretpa, Nazareth, Taroa, Tawaira y Puerto Estrella, dejando algo más que huellas: dejó abrazos, conversaciones sinceras y una sensación compartida de que el territorio wayúu no está solo.

En cada comunidad, las familias abrieron las puertas de sus rancherías y también de su memoria. Hablaron los mayores, preguntaron los jóvenes, rieron los niños. No fue solo una visita política; fue un encuentro profundo con una tierra que por décadas cargó el peso del abandono estatal y la indiferencia de gobiernos que miraron hacia otro lado.

Durante el recorrido, el líder social y político Límbano Díaz, cabeza de lista a la Cámara de Representantes por el Pacto Histórico en La Guajira, alzó su voz con firmeza frente a las comunidades. En medio de sus intervenciones, invitó a la Alta Guajira a “derrotar a los gigantes”, una frase que resonó con fuerza entre quienes han resistido históricamente la exclusión.

Díaz llamó a la unidad del pueblo wayúu y del norte del departamento para este 8 de marzo, insistiendo en la importancia de marcar por la lista cerrada del Pacto Histórico como un acto de dignidad, de memoria y de futuro. “Aquí el cambio no llega desde los escritorios, nace desde el pueblo que ha resistido”, expresó ante líderes comunitarios y autoridades tradicionales.

La Ruta Libertaria no fue solo un ejercicio político. Fue también un acto de reconocimiento al dolor acumulado por años: la falta de agua, las brechas en educación, las dificultades en salud y el olvido institucional que convirtió a la Alta Guajira en un tema periférico dentro de la agenda nacional. Ese dolor estuvo presente en cada palabra, pero también la esperanza de que las cosas pueden empezar a cambiar.

Al cierre del recorrido, el mensaje fue uno solo: seguir defendiendo la vida, el territorio y los derechos fundamentales de un pueblo que, pese a todo, resiste y florece. La Alta Guajira habló, y esta vez lo hizo con la certeza de que su voz empieza a caminar más lejos.