Uribia, La Guajira. – Mientras se llenan los escritorios de proyectos sociales y las calles de pendones anunciando contratos millonarios, en las escuelas de Uribia los niños wayuu reciben como desayuno escolar un bollo con media cucharada de mantequilla. Sí, leyó bien: eso es todo lo que les está llegando como parte del Programa de Alimentación Escolar (PAE) en este municipio guajiro.
La indignación crece entre padres de familia, docentes y líderes indígenas que consideran esta situación una burla, un acto de abandono total y una grave violación a los derechos de la niñez wayuu. La empresa encargada del PAE, la Unión Temporal Achijirra Wayuu, está en el ojo del huracán por lo que muchos ya llaman una «alimentación de hambre».
“¿Usted cree que un niño puede aprender, concentrarse y rendir con ese desayuno? Eso no llena ni a un pajarito. Nuestros hijos merecen más que eso”, dijo una madre wayuu en medio del reclamo colectivo.
Pero el problema va más allá de un bollo mal servido. La situación evidencia una profunda desconexión entre los discursos institucionales y la realidad de los niños. En Uribia hay más asociaciones y fundaciones que niños felices. Y es que mientras proliferan organizaciones que supuestamente trabajan por el bienestar infantil y la defensa de los derechos humanos, lo cierto es que en las escuelas la alegría se ha cambiado por el hambre y la desnutrición.
Organizaciones sin ánimo de lucro, corporaciones sociales, fundaciones comunitarias… hay por montones. Sin embargo, los resultados brillan por su ausencia. Lo que sí abunda es la frustración de padres que ven cómo se firman contratos millonarios mientras sus hijos caminan kilómetros para llegar a clase y lo único que encuentran para comer es una ración que no alcanza ni para una merienda.
“Aquí hay plata pa’ discursos, pa’ eventos, pa’ consultorías, pero no hay pa’ un desayuno digno. Eso no es justo”, comentó un líder tradicional de la zona.
La comunidad le hace un llamado urgente a la administración municipal, a los entes de control y al Gobierno Nacional para que revisen el contrato del PAE en Uribia y se tomen decisiones que realmente protejan a los menores. No se puede seguir permitiendo que en nombre de la niñez se manejen recursos sin transparencia, mientras los verdaderos beneficiarios —los niños— apenas sobreviven.
Porque los niños wayuu no necesitan limosnas disfrazadas de apoyo. Necesitan dignidad, comida real, respeto a su cultura y un Estado que los vea, los escuche y los proteja de verdad.
