Uribia, La Guajira – En un ambiente de profunda espiritualidad y alegría comunitaria, la Parroquia Inmaculada Concepción de Uribia fue escenario de un acontecimiento histórico y profundamente emotivo: la ordenación diaconal de Daniel Epiayú Epiayú y Nairo Zambrano Vanegas, hijos del pueblo Wayúu que han dedicado su vida al servicio de Dios y de su comunidad.
La ceremonia fue presidida por monseñor Francisco Antonio Ceballos Escobar, obispo de la Diócesis de Riohacha, y contó con una nutrida participación de la feligresía, autoridades tradicionales, representantes eclesiásticos y líderes civiles. Los cantos en wayuunaiki, los símbolos propios de la cultura ancestral y la solemnidad litúrgica se entrelazaron en una celebración que hizo visible la belleza de la fe vivida desde el alma del territorio.

Palabras del Obispo
Al término de la eucaristía, monseñor Ceballos Escobar entregó a este medio unas palabras cargadas de sentido pastoral:

“Hoy la Iglesia se alegra con la entrega generosa de estos dos hermanos nuestros. La ordenación de Daniel y Nairo es un signo claro de que el Evangelio sigue echando raíces en medio de las culturas. Es un testimonio hermoso de cómo el pueblo Wayúu, con su riqueza espiritual, también forma parte viva de esta Iglesia que es una, pero diversa y profundamente humana”.

Autoridades civiles acompañaron la ceremonia
El alcalde de Uribia, Jaime Luis Buitrago García, quien estuvo presente junto a su esposa, la gestora social Nancy Gómez, resaltó el valor espiritual y cultural de este hecho:
“Este día marca un hito para nuestro municipio. Desde el corazón de La Guajira, estos jóvenes nos recuerdan que la vocación, el servicio y la fe son herramientas poderosas de transformación. Nos sentimos orgullosos como uribieros de acompañarlos en este momento tan significativo”.
Por su parte, la gestora social Nancy Gómez expresó su alegría al ver cómo la juventud indígena encuentra en la fe un camino de servicio:
“Daniel y Nairo son ejemplo de entrega. En un mundo donde muchos jóvenes se sienten perdidos, ellos nos muestran que el amor a Dios y al prójimo puede guiar la vida hacia caminos de paz, esperanza y verdadero compromiso con la comunidad”.

Vocación con rostro Wayúu
Los recién ordenados diáconos también compartieron con este medio su sentir en este momento tan trascendental para su vida.
Daniel Epiayú Epiayú expresó:
“Dios me llamó desde lo más profundo de mi cultura, desde los cantos de mi abuela, desde el desierto y la palabra. Hoy quiero ser un servidor humilde, un puente entre la Iglesia y mi pueblo, llevando consuelo, fe y dignidad a los que más lo necesitan”.
Nairo Zambrano Vanegas, con emoción en su voz, agregó:
“Esta misión no es mía, es del pueblo que ora, que cree, que resiste. Ser diácono es entregar el corazón a los demás, especialmente a los más pobres. Agradezco a mi familia, a mis formadores y a cada persona que rezó por este momento”.

Una celebración que deja huella
La ordenación diaconal de estos dos jóvenes wayúu no solo es un paso hacia el sacerdocio, sino un testimonio vivo del diálogo entre la fe católica y la cultura ancestral. En cada canto, en cada gesto de la ceremonia, se reflejó el rostro de una Iglesia que camina junto a su pueblo, reconociendo en él la riqueza de una espiritualidad encarnada en la tierra y en la historia.
Uribia vivió este día como una fiesta del espíritu, donde el compromiso con la vida, la justicia y el servicio se convirtió en oración compartida.
